Una de las claves que garantizan la protección, la durabilidad y la limpieza del acero inoxidable en la industria alimentaria es la elección del tipo de metal adecuado para contener o gestionar las tareas y aplicaciones de los procesos.

Condición que confirma la experiencia de Poligrat en este campo, especialistas en tratamientos contra la corrosión y para la protección de los metales.

La mayoría de los contenedores, tuberías o equipos que están en contacto con alimentos se fabrican sobre la base de dos tipos de aceros inoxidables llamados austeníticos, los tipos 304 y 316. También se emplean, aunque en menor medida, aceros inoxidables ferríticos con proporciones de cromo del 17% (tipo 430). Se usan, por ejemplo, en módulos y carcasas de equipos en los que la resistencia a la corrosión no es tan exigente.

Un tercer tipo de acero inoxidable de uso en la industria alimentaria es el llamado dúplex empleado en entornos calientes de más de 50 grados centígrados en los que el agrietamiento bajo condiciones de tensión puede degenerar en corrosión. Es el caso de los que emplean algunos tipos de tanques de procesamiento de cerveza.

Otros aceros inoxidables martensíticos endurecidos se usan en máquinas herramientas de corte y molienda como los del tipo 316. Se trata de metales específicos que se incluyen en infinidad de cuchillos de uso industrial muy comunes para el procesamiento y manipulación de alimentos. Aceros inoxidables que se catalogan en función de su resistencia a la corrosión.

 

Aceros inoxidables específicos

Los aceros inoxidables del tipo 420 martensíticos son los que se usan para cuchillos o espátulas profesionales, como las de los cocineros. Los aceros 430 ferríticos son los de las mesas que se emplean para cortar o que forman parte de revestimientos soldables de cámaras de frío. Los del tipo 304 austeníticos están destinados a formar parte de tuberías y piezas de maquinaria que puedan requerir también soldadura.

Los aceros inoxidables 316 austeníticos son apropiados para alimentos más agresivos como las carnes o las sangres que tienen cantidades moderadas de sal, que se suelen limpiar con frecuencia y sobre los que se depositan alimentos durante cierto tiempo.

Un nivel por encima está el acero 1.4539 austenítico, ahora sí, para alimentos corrosivos como la salmuera caliente o los alimentos que han de estar en reposo en contenedores con dobleces interiores o exteriores y grietas. Los 1.4462 dúplex son más resistentes que los anteriores, incluso bajo tensión y temperaturas altas. Un tipo de acero austenítico con molibdeno al 6% se emplea para conductos de vapor y secciones que trabajan bajo regímenes de altas temperaturas.

El Reglamento Marco Europeo (CE) Nº 1935/2004 que establece los requerimientos técnicos de estos metales de uso alimentario se refiere a la seguridad de materiales y objetos de una forma básica. Siempre desde un interés porque los metales no cambien la calidad y las propiedades de los alimentos. La Unión Europea prioriza su atención sobre la calidad de plásticos y envases por encima de una regulación más específica de los metales de uso alimentario, que, bien es verdad, suelen contener los alimentos de manera más transitoria.

El estado de los aceros inoxidables no tiene porqué ser una fuente de preocupación para la industria alimentaria. Todo, si se usa el metal más indicado para cada proceso, se optimizan los acabados y se realizan los mantenimientos indicados para cada superficie. Es vital conocer el tipo de corrosión al que se puede enfrentar un metal, no sólo para alargar su vida útil, sino para algo tal vez más importante, para corregir usos inadecuados de equipos y de procesos.

 

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Tipos de corrosión

Los tipos de corrosión más comunes de los aceros inoxidables alimentarios, según la experiencia de Poligrat, suelen ser grietas, picaduras de metal o degradaciones en zonas de soldaduras.

Las grietas y las picaduras de corrosión resultan comunes por el empleo de soluciones acuosas que contienen cloruros. Esta corrosión se puede producir tanto bajo interacciones aparentemente neutras, como en condiciones ácidas, especialmente si participan aumentos de temperaturas que son habituales en los procesos alimentarios. Las grietas suelen aparecer en lugares estrechos o puntos en los que el metal está expuesto o está especialmente afilado.

La corrosión producto de la tensión se caracteriza por la aparición de grietas en materiales sometidos a estrés y en ambientes potencialmente corrosivos. Una combinación típica de este escenario es la unión de temperaturas superiores a 50 grados centígrados y la presencia de los señalados cloruros.

La corrosión interangular, o degradación en soldadura, es un ataque al metal en zonas donde el calor ha participado en la soldadura de las piezas metálicas. Se trata de una degradación muy habitual en los aceros inoxidables austeníticos con carbono tipo standard. Aceros inoxidables con bajas proporciones de carbono, con un 0,030% máximo, como los del tipo 1.4307, son una solución que se adelanta a las consecuencias.

 

Poligrat y Kripton proporcionan una solución para cada situación

La limpieza de acero inoxidable en la industria alimentaria, en los equipos que participan en la producción, dependerá siempre de la naturaleza de los procesos, de los tipos de alimentos que se utilizan, de los depósitos que se forman, de los requisitos de higiene y hasta del método de limpieza más apropiado.

La lista de procedimientos de limpieza de acero inoxidable en la industria alimentaria es muy larga, y pueden ir desde la simple aplicación de agua y vapor, detergentes o disolventes orgánicos al uso de soluciones alcalinas o ácidos nítricos más específicos. Los desmontes de los dispositivos para verificar su estado interno forman parte de todos los recorridos de las máquinas herramientas, de los utensilios y de los contenedores que recomiendan fabricantes e instaladores.

Sin embargo, éstos no son más que simples procesos de mantenimiento. La verdadera batalla contra la corrosión y la limpieza de acero inoxidable en la industria alimentaria comienza por plantar cara al enemigo con la calidad de los metales. Una seguridad pasiva contra la corrosión que a medio y largo plazo produce retornos económicos. Una apuesta que Poligrat y Kripton aportan en su filosofía de trabajo.